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Música Clásica y ópera de Classissima

Henry Purcell

jueves 25 de agosto de 2016


Musica Antigua en Chile

16 de julio

Desde La Serena el ConsortChile Música Antigua anuncia concierto

Musica Antigua en ChileSábado 16 Julio, 18.00 horas Capilla del Transito (Andrés Bello, entre Amunátegui y Juan de Dios Peni)Aporte Voluntario Programa + The funeral - A. Holborne + Canzon 1 - G. Gabrieli + Canzone 23 - C. Merulo + Die mit Tränen säen werden mit Freuden ernten - Schütz + In Nomine No. 5 - Byrd + Ah! dolente partita + Contrapunctus 1 - Bach + Fantasia "sobre una nota" - Purcell Integrantes: Emilie Laurendeau (Francia), Flauta dulce Fernando Galvez, Volín barroco Lorenzo Cabello. Viola barroca Esteban Barrera, Viola barroca Tatiana Espinoza, Violoncello barroco

Musica Antigua en Chile

3 de julio

Próximo concierto del taller barroco Academia ArteVida en La Serena

Sábado 2 de julio, 20.00 horas  Iglesia Santo Domingo Cordovez 235, La Serena. Entrada Liberada Este programa está organizado por la profesora Tatiana Espinoza Lamatta en conjunto con la cátedra de Canto de la Universidad de La Serena a cargo del profesor Gonzalo Tomckowiack. Programa: Purcell –King Arthur “What power art thou?” Handel – Rinaldo "Cara sposa" Andreas Scholl Alessandro Scarlatti – Toglietemi la vita ancor Antonio Vivaldi - Cum dederit Alessandro Scarlatti – Son tutta duolo Alessandro Scarlatti – Gia il sole Purcell – The fairy queen “If love is a sweet passion” ... Handel – Alcina “Un momento di contento” Integrantes: Vanessa Medo - Soprano Victoria Larraín - Soprano Javiera Zepeda - Mezzo soprano Alejandra Rodriguez - Mezzo soprano Ignacio Cortés - Tenor Ricardo Aquea - Barítono Javier Galleguillos - Barítono Viviana Rodríguez – Violín Vanessa Flores – Violín Diego Lanzarini - Violín Lucas Rodríguez – Violín Cristian Ramos – Violín Lorenzo Cabello – Violín/Viola Francisco Valdivia – Guitarra barroca Tatiana Espinoza – Violoncello y dirección




El Blog de Atticus

11 de junio

"A MIDSUMMER NIGHT'S DREAM" (Benjamin Britten) - Palau de les Arts - 10/06/16

A lo tonto, a lo tonto… en cuanto nos hemos descuidado ya se nos ha acabado la temporada operística en Valencia. Anoche se produjo el estreno de la última producción de la temporada, A midsummer night’s dream, del compositor inglés Benjamin Britten y parece que fue ayer cuando nos felicitábamos por el inicio de la actividad en Les Arts… Me debo estar haciendo mayor… El estreno de ayer, además, suponía la reparación de una tremenda injusticia, como es que, en estos diez años de actividad operística en Valencia, no se hubiese estrenado aún ninguna obra de una figura capital en la historia de la ópera del siglo XX como es Benjamin Britten. Veremos si con Janáček podemos decir algo parecido pronto. Lo cierto es que esta recta final de la temporada ha tenido un enorme interés, con el acercamiento a la música de los siglos XX y XXI con Juana de Arco en la hoguera (1938), de Arthur Honegger; Café Kafka (2014), de Francisco Coll; y ahora este A midsummer night’s dream(1960), de Benjamin Britten. Y no ha podido tener mejor cierre, porque no exagero si digo que ayer pudimos disfrutar en Les Arts del mejor espectáculo de la temporada. Y que este haya sido el espectáculo más redondo de cuantos han pasado este año por Les Arts tiene un mérito añadido, pues las características de esta obra hacen muy difícil que todo cuadre. Nos encontramos aquí con una ópera coral, con hasta 18 personajes con papel cantado, incluyendo un contratenor y una soprano de coloratura con una partitura exigente, y ninguno desentonó. Se trata, además, de una composición muy refinada y colorista que requiere control y matices; y Abbadolos supo encontrar. El coro se reserva a voces infantiles que también se muevan en escena con soltura; y la Escolanía lo bordó. El personaje de Puck, hilo conductor de la trama, si resulta soso, todo se tambalea; y Darmanin estuvo sobresaliente. Y la dirección de escena puede pecar de descuidar el peso teatral de la trama, de querer innovar demasiado o de ser excesivamente barroca y rancia; pero ayer también se consiguió una ambientación escénica excelente. Para la ocasión se ha decidido elaborar una producción propia del Palau de les Arts, cuya dirección escénica se ha encomendado al escocés Paul Curran, quien tiene en su haber un buen número de adaptaciones de Britten, entre ellas otro Midsummer en Roma en 2012. Resultó palpable que Curran conoce bien la obra de Britten y le respeta tanto como éste respetó a Shakespeare cuando realizó esta composición. La puesta en escena se alejó de cualquier tentación de exhibicionismo creador para centrarse en lo verdaderamente importante, que es servir de vehículo de comunicación de la fuerza dramática de la partitura y de los versos de Shakespeare, dando relevancia a los dos aspectos más importantes en esta obra, como son crear una atmósfera onírica y mágica, y ser especialmente cuidadoso en la dirección de actores. La escenografía se limita a las ruinas de un templo circular rodeado de columnas, una especie de tholos griego, en el que se irá desarrollando toda la trama. En alguna ocasión el templo girará, pero con esa simplicidad escenográfica bastará. No hay un alud de proyecciones ni una sobrecarga visual, tan habituales últimamente, para lograr la ambientación requerida. Ésta se conseguirá con el apoyo fundamental de un vestuario adecuado y un inteligente uso de la iluminación, y la trama fluirá gracias a un elaborado trabajo de dirección de los intérpretes, cuidando la expresividad y sus movimientos en escena con sentido dramático y conocimiento teatral. El vestuario de Gabriella Ingram me recordó a algunas propuestas de Emilio Sagi, con pelucas llamativas y vestidos iluminados para las hadas, contribuyendo a la ambientación mágica del mundo nocturno. La iluminación de David Jacques es de lo mejorcito que hemos visto en Les Arts últimamente. La oscuridad no era sinónimo de tinieblas y hubo momentos magníficos, como la entrada de Titania y las hadas al final del acto I, con el templo envuelto en una luz roja fascinante; la iluminación del rayo de luna; o los colores del cielo en el amanecer. Estéticamente muy bella resultaba también esa luna omnipresente en el cielo estrellado.  Los movimientos de los actores están especialmente trabajados y con sentido teatral. Todos los cantantes llevan a cabo un derroche interpretativo acorde a la sólida base dramática del libreto. El trasfondo teatral está omnipresente sin que se perjudique la vertiente musical, algo que parece elemental y sencillo, pero no lo es. Divertidísima resultó la intervención de los artesanos y su representación de La muy lamentable comedia y muy cruel muerte de Píramo y Tisbe; y muy acertada la inclusión de jóvenes bailarines como apoyo a las hadas de la Escolanía. Si tuviera algo que criticar, posiblemente fuese el comienzo de la representación, con una introducción actuada y hablada, demasiado larga, antes de que se inicie la música, que ni está escrita por el autor ni pienso que aporte nada; pero, dado el resultado final obtenido, perdonado queda. La partitura de Brittenes una absoluta genialidad, habiendo conseguido esbozar, con una orquesta muy reducida, un colorido y una riqueza de texturas tímbricas espectaculares. Brittendota a cada uno de los tres mundos que se entrecruzan en la obra (el de las hadas, los amantes atenienses y los artesanos) de su identidad tímbrica y vocal; y todo ello envuelto en un clima orquestal etéreo y sutil, propio del sueño que recorre la comedia como leitmotiv. Roberto Abaddo volvió a convencerme plenamente anoche, firmando una dirección espléndida, al servicio del drama, sabiendo destacar la variedad de colores de la partitura, con claridad de texturas y un manejo maestro de las dinámicas. Estuvo atentísimo a la escena, marcando todas las entradas y llevando con rigurosidad matemática la concertación de los difíciles cuartetos del segundo y tercer acto. Destacó la tensión e intensidad emocional que supo imprimir en momentos como ese cuarteto del segundo acto, o el comienzo de los actos primero y tercero, auténticas joyas engarzadas por Britten en los pentagramas. Sobresaliente, una vez más, la Orquestra de la Comunitat Valenciana. Sería sumamente injusto si destacase aquí a algún solista, porque todos brillaron de forma espectacular. Sensacional la percusión, tan importante en esta obra, trompeta y metales en general, celesta, clave, flauta, oboe, fagot, clarinete… y una cuerda de ensueño. Los pianissimi de los violines ponían los pelos de punta, y la densidad y terciopelo de la cuerda grave es difícil de olvidar. Violas, chelos, contrabajos… maravillosos. Britten hace que las hadas sean interpretadas por un coro infantil de voces blancas, resaltando así por un lado la pureza e inocencia y por otro llevando su canto a una dimensión elevada que nos acerque a su carácter sobrenatural y nos remita al mundo de los sueños. El reto no resultaba nada sencillo para la Escolania de la Mare de Déu dels Desemparats dirigida por Luis Garrido, pero salvaron el escollo con matrícula de honor. Ha de haber un antes y un después en la agrupación tras el excepcional rendimiento ofrecido ayer. Adecuación idiomática, conjunción y empaste ante una partitura muy compleja y complicada, y entrega escénica, fueron el distintivo de la Escolanía toda la noche, con meritorias intervenciones como solistas de Alejandro Estellés, Joel Orts, Héctor Francés y Josep de Martín. Como he dicho antes, nos encontramos ante una ópera coral, con múltiples papeles cantados, sin que tenga ninguno un especial protagonismo, y, aunque hubo unas voces mejores que otras, ninguno desentonó del buen conjunto general. Britten, en otra de las genialidades de esta obra, asigna al rey de las hadas la vocalidad de contratenor, resaltando, con esta voz poco natural, el carácter mágico del personaje. Quienes me seguís ya sabéis que los contratenores no son precisamente mi pasión. Pues bien, he de decir que el Oberon de Christopher Lowrey me pareció magnífico. Su fraseo fue elegantísimo, ligado, rico en matices, permitiéndose alguna regulación exquisita, y obsequiándonos con un I know a bank de lujo, donde demostró conocer y dominar también al maestro Purcell.   Si Oberon se encomienda a un contratenor, el papel de Titania está escrito para una soprano de coloratura, con una tesitura exigente, que también realza la condición sobrenatural del personaje. Es un rol más complicado de lo que parece y la americana Nadine Sierra, que tan buena impresión nos causó en el Don Pasquale de la pasada temporada, lo resolvió con solvencia. Su voz quizás tenga ya más cuerpo y peso de lo que pueda pedir la partitura, pero se movió en la coloratura con facilidad y la zona aguda fue limpia y brillante, no mostrando tampoco ningún problema para hilvanar algún pianísimo de fábula en su escena de amor con Bottom. El cuarteto de amantes atenienses estuvo compuesto por cuatro jóvenes cantantes. Todos ellos tuvieron una adecuación estilística y comportamiento escénico extraordinarios. En lo vocal me gustaron más la Hermia de Nozomi Kato, una de las mejores voces que ha dado últimamente el Centre Plácido Domingo, y el Lisandro compuesto por Mark Milhofer, muy en la línea Peter Pears, salvando las distancias, justo en volumen, pero elegante. Dan Kempson fue un Demetriode bello timbre aunque de emisión a veces inconsistente; y Leah Partridgeuna atractiva Elena que defendió un papel complicado con habilidad y arrojo, pese a algún apuro y desafinación puntual. Los seis artesanos requieren ante todo de desenvoltura en escena y capacidad para la comedia, y pocos reproches se pueden hacer a ninguno de los intervinientes. Especial mención merece el extraordinario Bottomdel veterano Conal Coad. La voz presenta algún desgaste, aunque no pierde volumen ni rotundidad, ni le viene mal a un personaje que domina con una vis cómica formidable, que ni siquiera se vio afectada por la lesión de gemelos que padece y que se anunció por megafonía al comenzar la función. Pese a todo, no se privó de subir y bajar escaleras ni acompañar en los bailes al resto de compañeros del sexteto. Un lujazo de Bottom(con perdón). Magníficas también las prestaciones vocales y cómicas del Flute de Keith Jameson, muy divertido cuando encarna a Tisbe. Muy bien Tyler Simpsoncomo Snug, Richard Burkhardcomo Quince, William Fergusoncomo Snout y Michael Borthcomo Starveling, otro alumno del Centre que no me había gustado nada en Idomeneo, pero que ayer no sólo no desmereció el conjunto, sino que estuvo más que correcto. Los papeles menores de Teseo e Hipólita estuvieron también perfectamente servidos por Brandon Cedel y una algo más discreta Iuliia Safonova. Como decía al principio, si en esta obra te toca un Pucksoso, mejor vete a casa. Pero el Puckdel maltés afincado en Londres, Chris Agius Darmanin, fue soberbio. Dicción exquisita, gran sentido del recitado, estupendo actor y enorme bailarín rozando la acrobacia. Y por si fuera poco, las breves frases que canta cuando llama a los amantes haciéndose pasar por Lisandroy Demetrio, las entonó perfectamente. Y para que no quede nadie sin mención, también destacaré al niño actor Ángel Valdevira, que parecía casi nenín de chupete, y se movió en escena con una impropia y sorprendente soltura. Lo peor de la noche fue la, no por esperada menos decepcionante, escasa asistencia de público a este estreno. Demasiados huecos en la sala que fueron incrementándose en los dos intermedios. Algo que, sinceramente, no comprendo. Entiendo que los prejuicios ante la ópera del siglo XX hiciera que muchos no se animasen a ir, y eso lo esperaba porque, lamentablemente, pasa también en otros teatros de mayor tradición; pero que, ante un espectáculo tan completo como el ofrecido ayer, decidas irte a casa o a ver a veintidós tíos en calzones patear un balón, no lo comprendo. Eso sí, los que se quedaron acabaron braveando y ovacionando en pie a todo el elenco artístico, incluyendo a la dirección de escena, jaleada sin reservas. Hacía tiempo en Les Arts que no se veía a un público tan entusiasmado al final y, lo que es mejor, con muchos jóvenes con la sonrisa en el rostro. Y eso compensa por todos los lechuguinos añosos que se marcharon. Como sigo siendo un poquito touchineggs no puedo evitar volver a sacar punta al subtitulado. No me gusta que traduzcan los nombres de los artesanos… pero vale. No me gusta que se utilicen giros o expresiones actuales… pero vale. Ahora bien, ¿por qué narices hay que pretender ser más gracioso que el autor del libreto o, en este caso, que Shakespeare? ¿Por qué hay que inventarse ocurrentes juegos de palabras, cuando no los hay en el original? Esos “A Tisbe no atisbo”, o “la pared se pira”, quedarán muy cuñaaao, pero sobraban. Bueno, ya termino. Por favor, haced correr la voz. Estamos ante un espectáculo formidable, tanto escénica como musicalmente, y puede ser una ocasión única para descubrir la riquísima música de Benjamin Britten y su perfecta comunión con la base dramática que lo sustenta; para acercarnos al teatro de Shakespeareo, simplemente, para disfrutar de una mágica noche de ópera.



Pablo, la música en Siana

24 de enero

Savall sin fronteras

Sábado 23 de enero, 20:30 horas. Auditorio de León, XIII Ciclo de músicas históricas. Hespèrion XXI, Jordi Savall (viola de gamba y dirección): "La Europa musical: 1500-1700". Entrada: 10€. Coproducción del CNDM. Magia universal con las violas de gamba en todas las tesituras la que trajo a León nuestro universal catalán, con siete músicos en escena capaces de romper las fronteras de una Europa ideal que recordaba el propio Savall antes de la segunda propina, compositores en otros países uniendo acentos para una música a atemporal que mueve público de todas las edades como el que llenó el auditorio de la capital hermana de la asturiana. Un renacido Savall con la viola de gamba soprano preparó seis bloques bien hilvanados con la danza de nexo, repartidos en dos mitades: Unas "Danzas italianas del Renacimiento veneciano" para presentar la capacidad de este Hespèrion del XXI: Lorenz Duftschmid a la viola baja más un Philippe Pierlot doblando alto y baja, casi alter ego "savalliano" a lo largo del programa, el violone de Xavier Puertas, la tenor de Sergi Casademunt al lado del maestro, completando toda la tesitura de una viola de gamba más actual que nunca, y los dos detallistas necesarios cual orfebres para preparar unos grabados musicales llenos de monocromías irisadas: Enrike Solinís con doblete tiorba y guitarra siempre complementando con punteos o rasgueos el fluir frotado, más la imprescindible percusión de un siempre maravilloso Pedro Estevan. Las cuatro danzas elegidas prepararon lo que vendría después dado que aún faltaban detalles como cuidar más los finales de Pavana, Gallarda, Tedescha y Saltarello. El segundo bloque "Elizabeth Consort Music" nos preparó a tres ingleses (Dowland, Gibbons y Brade) con verdadero acento británico que el septeto interiorizó al detalle convirtiendo el auditorio leonés en corte danzante de las islas. Maravilloso empaste de cuerda frotada con las perlas de la tiorba y la percusión vistiendo a Savall y su viola soprano de rey supremo. Para cerrar la primera parte unas "Danzas y variaciones de España y Portugal" para seguir paseando por aquella Europa de intercambios sin fronteras como Hespèrion XXI deleitando polifonías vocales o ritmos ibéricos de Luys de Milán, Cabezón con las Diferencias sobre la Dama le demanda, Diego Ortiz y el portugués Pedro de San Lorenzo, delicioso escuchar las voces agudas de Savall y Casademunt contrapuestas a los bajos de Pierlot y Duftschmid con el soporte del violone de Puertas mientras Solinís rasgueaba la guitarra completando las excelentes pinceladas de Estevan, para ir rematando con unos Canarios para lucimiento de un Savall inspirado recorriendo todo el registro de la soprano, de arco poderoso jugando con mayores y menores cual Jam session renacentista más actual que nunca, demostrando un entendimiento con sus músicos envidiable. Los tres bloques de la segunda parte, ya con el septeto en plena forma, nos llevaron por Francia y Alemania antes de una recapitulación europea: "Músicas para el Rey Luis XIII" capaces de alternar intimismo y danza, "Músicas de Alemania" centradas en un Samuel Scheidt de colorido etéreo en la línea de aguafuertes y grabados bien delineados, y "Música de la Europa Barroca" haciendo convivir a Purcell, Joan Cabanilles, J. H. Schein, Dumanoir y la excelencia de la Gallarda napolitana de Antonio Valente, juegos de "pizzicatti" actuales para una música de "solo" 500 años que con Hespèrion sigue más actual que nunca, recreando sonoridades de claves y laudes celestes. Aplausos más que merecidos que nos dejaron de propina otro bloque de cuatro danzas francesas, la segunda lengua de Savall que hace suya esta música cercana a la que el país vecino tanto le debe. Reconforta volver a escucharle feliz tras malos tiempos recientes y comprobar que su legado todavía sigue creciendo. Verdadera y merecida ovación, palabras de agradecimiento y reivindicación de una Europa sin fronteras que tristemente este siglo vuelve a levantar, antes de regalarnos unas danzas de Brade donde todo Hespèrion con Savall a la cabeza recreó sonidos célticos que los asturianos sentimos tan cercanos como este León que me ha hecho un gran regalo de cumpleaños.

Henry Purcell
(1659 – 1695)

Henry Purcell fue un compositor británico del Barroco (10 de septiembre de 1659 - 21 de noviembre de 1695). Esta considerado el mejor compositor inglés de todos los tiempos. Purcell incorporó elementos estilísticos franceses e italianos, generando un estilo propio inglés de música barroca.



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